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Eneatipos · 7 min de lectura

El instinto social en cada eneatipo

¿Quién manda en esta reunión? ¿Qué pensarán de mí? Si son tus preguntas de siempre, probablemente domina en ti el instinto social, el que te orienta hacia el grupo: tu lugar en él, tu reputación, tus alianzas y lo que aportas a la comunidad. Cuando domina, la pasión de tu eneatipo se juega delante de los demás, y eso da subtipos más visibles, más pendientes del reconocimiento y, en algunos casos, sorprendentemente entregados.

Por el equipo editorial de la Escuela Eneatipos · Revisado el · Cómo elaboramos los contenidos

La tribu, el sitio de cada uno y el qué dirán

Los seres humanos sobrevivimos en grupo. Durante miles de años, quedarse fuera de la tribu era casi una sentencia, y de ahí viene un instinto que todos llevamos dentro: el que nos hace leer el ambiente, saber quién manda, buscar un sitio y cuidar lo que los demás piensan de nosotros. En el eneagrama se le llama instinto social y es uno de los tres que, junto con el de conservación y el sexual, dan lugar a los veintisiete subtipos que describió Claudio Naranjo.

Ser sociable es otra cosa. Hay personas muy calladas con este instinto dominante, que observan el grupo desde una esquina y saben perfectamente qué lugar ocupa cada uno. Y hay extrovertidos encantadores cuyo instinto dominante es otro. Lo que define al social es otra pregunta, casi siempre callada: «¿cuál es mi sitio aquí?, ¿pertenezco?, ¿qué valgo para este grupo?».

Jerarquías, causas y reputación

En una cena de empresa, la persona de instinto social sabe ya al segundo plato quién no se habla con quién. Otros rasgos que suelen acompañarla:

  • Perciben enseguida las jerarquías, las alianzas y las tensiones de un grupo.
  • Les importan el prestigio, el papel que cumplen y la imagen que proyectan.
  • Se implican en causas, asociaciones, equipos o instituciones.
  • Piensan en términos de «nosotros» y les cuesta desentenderse de lo colectivo.
  • Viven el rechazo del grupo o el ridículo público como algo especialmente doloroso.

La pasión del tipo se vuelve más visible y, en cierto modo, más intelectual o más ideológica. En tres tipos, el siete, el ocho y el nueve, ocurre algo llamativo: el instinto social empuja en dirección contraria a la pasión, y salen contratipos que se entregan al grupo y apenas se reconocen en la descripción de su tipo.

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Quedar mal o quedar fuera: si eso te duele, mira aquí

Hay quien sale de una reunión sin haberse enterado de que dos jefes estaban enfrentados. Puede ser señal de que el social es su instinto ciego, el relegado de los tres, por detrás del dominante y del que lo apoya. Si es tu caso, puede que no te enteres de las dinámicas de poder en tu trabajo, que te dé igual el qué dirán o que te agoten las reuniones y los compromisos de grupo. Si es el dominante, te cuesta desconectar de ellos.

Una forma sencilla de explorarlo: piensa en tus mayores disgustos de los últimos años. ¿Tienen que ver con quedar mal, con sentirte excluido o con no recibir el reconocimiento que merecías? Si la respuesta es sí una y otra vez, el instinto social pesa mucho en ti. Complementa esta reflexión con un buen test de eneagrama y con la observación de tu día a día.

Quien conoce la empresa por dentro y une a la familia

En el trabajo, las personas de instinto social suelen ser las que entienden antes que nadie cómo funciona la organización por dentro: quién decide realmente, qué alianzas hay que cuidar, qué temas conviene no tocar en una reunión. Muchas veces acaban en puestos de coordinación, representación o liderazgo, o en papeles donde hace falta tender puentes entre departamentos.

En la familia tienden a pensar en el conjunto: quién está bien, quién se ha distanciado, cómo se reparten las tareas, qué imagen da la familia hacia fuera. Pueden ser el pegamento que mantiene unidos a hermanos y primos, aunque también los que más sufren con los conflictos y las rupturas.

En pareja, el instinto social aporta un sentido de proyecto compartido: la pareja como equipo que se proyecta hacia amigos, comunidad o causas comunes. Su riesgo es descuidar la intimidad a dos, o vivir la relación demasiado pendiente de cómo la ven los demás. Si tu pareja tiene el instinto sexual dominante, es posible que te reproche precisamente eso: que siempre hay alguien más en la ecuación.

Del compromiso vecinal a la obsesión por el estatus

En su mejor versión, este instinto da personas comprometidas, con sentido de la justicia y capaces de pensar en el bien común. Son las que montan la asociación de vecinos, organizan la recogida de alimentos o se acuerdan de quién se ha quedado fuera de la conversación.

En su peor versión, el grupo se convierte en un espejo del que no se puede apartar la mirada. Aparecen la obsesión por el estatus, la necesidad de tener razón en público, la rigidez ideológica o el miedo paralizante al ridículo. Para equilibrarlo ayuda cuidar algún espacio donde no tengas ningún papel que cumplir, y preguntarte a menudo qué piensas tú, al margen de lo que opine tu entorno. Estos son los nueve subtipos sociales, uno por eneatipo.

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1 Eneatipo 1: inadaptabilidad

El uno social siente que hay una forma correcta de hacer las cosas y que él la conoce. Su perfeccionismo se vuelve intelectual y público: se convierte en modelo, en referente, en el que enseña cómo deben ser las cosas. Le atraen las normas, los principios y los sistemas, y puede mostrarse algo frío, contenido y seguro de sí. Su ira no está tan escondida como en el subtipo de conservación ni tan desatada como en el sexual: se filtra como superioridad moral. Tienes la ficha completa del uno social.

2 Eneatipo 2: ambición

Es el dos más poderoso y visible. Su generosidad se dirige a grupos, instituciones y personas influyentes, y le gusta estar cerca del poder: ser la mano derecha del líder, la persona que lo sabe todo de todos y a la que todos recurren. Ayudar le da un lugar central en la comunidad. Su orgullo es más evidente que en los otros subtipos y puede parecer un tres o un ocho por su capacidad de liderazgo. Su reto es dar sin esperar a cambio un puesto de honor. Más en el dos social.

3 Eneatipo 3: prestigio

El tres social es el que más se ajusta a la imagen clásica del triunfador. Busca estatus, reconocimiento público y posición, y sabe exactamente qué títulos, contactos y logros cuentan en cada entorno. Es muy competente, se vende bien y suele llegar lejos, porque entiende lo que motiva a la gente. El riesgo es confundir quién es con lo que el grupo aplaude, hasta perder la pista de lo que él mismo desea. Lo tienes desarrollado en el tres social.

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4 Eneatipo 4: vergüenza

Es el cuatro de los libros: sensible, introspectivo y muy consciente de su sufrimiento. En el grupo se compara sin parar y casi siempre sale perdiendo, con la sensación de tener un defecto íntimo que le impide encajar del todo. Y, sin embargo, ese dolor se convierte en una forma de identidad: lo habla, lo analiza, lo comparte. Su vergüenza es social porque nace de mirarse con los ojos de los demás. Su crecimiento pasa por reconocer lo que sí tiene. Más sobre el cuatro social.

5 Eneatipo 5: tótem

El cinco social busca el saber con mayúscula, el que da sentido a todo. Le atraen los grandes sistemas de pensamiento, las disciplinas exigentes y los círculos de expertos, y se relaciona con los demás a través de las ideas más que de lo emocional. Suele tener un ideal que lo guía, el científico, el filósofo o el maestro, y puede convertir el conocimiento en su forma de pertenecer. Su avaricia se dirige al saber escaso y valioso. Lo tienes en el cinco social.

6 Eneatipo 6: deber

El seis social busca la seguridad en las normas, las ideas claras y las referencias firmes. Necesita saber a qué atenerse: quién manda, qué se espera de él, cuáles son las reglas del juego. Es responsable, cumplidor y muy comprometido con las instituciones y los grupos a los que pertenece. Su sentido del deber hace que se le tome a menudo por un uno, pero su motor es el miedo a quedar desprotegido, no la búsqueda de lo correcto. Más detalle en el seis social.

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7 Eneatipo 7: sacrificio

Es el contratipo del siete. En vez de mostrar su apetito, lo contiene y lo pone al servicio de una causa o de un grupo. Es idealista, entregado y muy sensible al dolor ajeno, y aplaza o renuncia a sus propios deseos, lo que lo hace parecer más un dos o un uno que un siete. Su gula no desaparece: se transforma en el deseo de ser visto como alguien bueno y puro. Su reto es reconocer ese apetito escondido sin juzgarlo. Lo explicamos en el siete social.

8 Eneatipo 8: solidaridad

El contratipo del ocho dirige su intensidad a proteger a otros más que a conseguir para sí. Es el defensor de causas, el que se planta ante el abusón, el que lidera al grupo y lo cuida como a una familia. Es más leal y amable de lo que sugiere el estereotipo, y su agresividad aparece sobre todo cuando alguien vulnerable es atacado. Puede parecer un dos o un seis protector. Su sombra es no permitirse ser él quien necesita protección. Más en el ocho social.

9 Eneatipo 9: participación

También es contratipo. Lejos de parecer perezoso, el nueve social es activo, trabajador y entregado a sus grupos: asociaciones, equipos, comunidades. Trabaja duro para que todo funcione, y así es fácil tomarlo por un tres, un dos o un siete. Su pereza afecta al ser más que al hacer: se olvida de sí mismo a través del esfuerzo por los demás. Su crecimiento empieza por preguntarse qué quiere él cuando nadie le necesita. Sigue con el nueve social.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa tener el instinto social dominante?

Que tu atención se orienta de forma natural al grupo: a tu lugar en él, a la reputación, a las alianzas y a lo que aportas. No implica ser extrovertido. Significa que la pertenencia y el reconocimiento son el terreno donde más se juega la pasión de tu eneatipo.

¿Qué tres subtipos sociales son contratipos?

En la propuesta de Naranjo y Chestnut, los contratipos sociales son el siete, el ocho y el nueve: sacrificio, solidaridad y participación. Los tres van contra la corriente de su pasión y se vuelcan en el grupo, por lo que suelen tipificarse mal.

¿Ser de instinto social es lo mismo que ser extrovertido?

No. La extroversión habla de dónde recargas energía, y el instinto social habla de qué te importa. Hay personas introvertidas muy pendientes de su papel en el grupo y extrovertidos a los que la jerarquía les trae sin cuidado.

¿Cómo puedo desarrollar el instinto social si es mi instinto ciego?

Empieza por pequeñas cosas: interésate por cómo funciona tu equipo, cuida algún vínculo con tu comunidad, comprométete con un grupo de forma estable y pide opinión sobre cómo te perciben. El objetivo es dejar de vivir de espaldas a lo colectivo, no volverte popular.

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