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Personalidad · 7 min de lectura

Los instintos del ego

Los instintos del ego son tres impulsos básicos que todos compartimos: el de conservación, que busca seguridad y bienestar material; el social, que busca un lugar en el grupo, y el sexual o de pareja, que busca intensidad y vínculo uno a uno. En cada persona uno domina y otro queda en la sombra, y al cruzarse con el eneatipo dan lugar a los 27 subtipos del eneagrama.

Por el equipo editorial de la Escuela Eneatipos · Revisado el · Cómo elaboramos los contenidos

Dónde pones a trabajar tu estrategia

Si el eneatipo describe la estrategia emocional con la que te protegiste de pequeño, el instinto describe dónde pones esa estrategia a trabajar. Son impulsos biológicos, compartidos con muchos animales, que garantizan la supervivencia del individuo, del grupo y de la especie. Todos los tenemos y todos los necesitamos.

La idea viene de la tradición del eneagrama y la desarrolló sobre todo Claudio Naranjo, que observó que la pasión de cada tipo se derrama de forma preferente en uno de los tres instintos. Ahí la pasión se intensifica y se vuelve más compulsiva. Dos personas del mismo eneatipo pueden parecer muy distintas: comparten la motivación, pero la expresan en terrenos diferentes.

Conviene no confundir el nombre con su sentido coloquial. El instinto social no significa ser sociable, y el sexual no se reduce al sexo. Son áreas de preocupación vital, no rasgos de carácter.

El instinto de conservación: estar a salvo

El instinto de conservación se ocupa del cuerpo, los recursos y el entorno inmediato: comida, salud, dinero, casa, descanso, temperatura, orden. La pregunta que lo mueve es «¿tengo lo que necesito para estar bien?».

Cuando domina, la persona suele ser práctica, previsora y con los pies en la tierra. Le importa que la casa sea cómoda, tener ahorros, cuidar la rutina y no depender de nadie. Puede mostrarse más reservada o menos expansiva que los otros subtipos de su mismo tipo, y su ansiedad tiende a girar en torno a la escasez y la seguridad material.

En su versión menos sana, el instinto de conservación se vuelve acumulación, rigidez con las rutinas, hipocondría o miedo a cualquier gasto. En su versión sana, aporta solidez, autocuidado y capacidad para crear entornos donde los demás también se sienten seguros. Tienes más detalles en el instinto de conservación.

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El instinto social: pertenecer y tener un lugar

El instinto social se ocupa del grupo: la posición que ocupas, el reconocimiento, las normas, la reputación y la contribución a algo más grande. Se pregunta, sin decirlo: «¿dónde encajo y qué lugar tengo entre los demás?».

Quien tiene este instinto dominante lee bien las dinámicas de poder, las jerarquías y los climas colectivos. Le preocupa su papel, se implica en causas, comunidades u organizaciones, y suele sentir con fuerza la responsabilidad hacia el grupo. No tiene por qué ser extravertido: hay personas muy tímidas con un instinto social marcado que sufren precisamente por su imagen pública.

En su versión menos sana, se vuelve pendiente del estatus, de la aprobación o de pertenecer a toda costa. En la sana, aporta conciencia comunitaria, liderazgo, sentido del deber y capacidad para tejer redes. Lo desarrollamos en el instinto social.

El instinto sexual: la intensidad del vínculo

El instinto sexual, también llamado de pareja o uno a uno, se ocupa de la conexión intensa con otra persona: la atracción, la química, la fusión, la pasión por algo o por alguien. Lo que busca responder es «¿con quién o con qué siento una conexión que me haga sentir vivo?».

Cuando domina, la persona busca intensidad más que amplitud. Prefiere pocas relaciones muy intensas a muchas superficiales, se entrega con fuerza a sus pasiones y tiene una energía magnética o competitiva. La pareja, o la búsqueda de ella, ocupa un lugar central en su vida.

En su versión menos sana, se vuelve celos, dependencia, dramatismo o una búsqueda incesante de estímulos fuertes. En la sana, aporta vitalidad, entrega, capacidad de inspirar y de comprometerse sin reservas. Puedes leer más sobre el instinto sexual.

Los tres instintos en escenas cotidianas

La mejor forma de entender los instintos es verlos en acción. Imagina a tres personas con instintos dominantes distintos ante las mismas situaciones.

Llegan a una fiesta

La persona de conservación se fija en si hay algo de comer, dónde sentarse y a qué hora puede irse sin quedar mal. La social hace un mapa rápido de quién está, quién conoce a quién y cuál es su papel en ese grupo. La sexual busca, casi sin darse cuenta, a la persona o la conversación con la que saltan chispas, y puede pasarse la noche entera hablando con una sola persona.

Empiezan un trabajo nuevo

La de conservación quiere saber el sueldo, el horario, las condiciones y si su puesto es estable. La social quiere entender la jerarquía, la cultura de la empresa y cómo se gana uno el reconocimiento. La sexual necesita que el proyecto le apasione o encontrar a alguien con quien hacer buen equipo; si no, se apaga.

Se enfadan con su pareja

La de conservación suele preocuparse por lo práctico: el dinero, la casa, las tareas, el cansancio. La social se molesta si la pareja le deja en mal lugar delante de otros o descuida a amigos y familia. La sexual sufre ante la falta de atención, de intensidad o de exclusividad, y vive el distanciamiento como una amenaza.

Tienen un mes difícil

La de conservación se refugia en casa, ordena, ahorra y cuida su rutina. La social busca apoyo en su gente o se vuelca en una responsabilidad colectiva. La sexual se lanza a algo intenso que le haga sentir viva: una relación, una pasión, un proyecto absorbente.

Ninguna reacción es mejor que otra. Pero ver las tuyas con claridad te ayuda a entender por qué ciertas cosas te importan tanto y a otras personas no, y viceversa.

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El orden de los instintos y el punto ciego

Aunque tenemos los tres, no los usamos igual. Muchas escuelas hablan de una jerarquía: un instinto dominante, que absorbe la mayor parte de la atención; uno secundario, que apoya, y uno punto ciego, que queda descuidado.

El punto ciego suele ser más revelador que el dominante. Una persona con el instinto de conservación en último lugar puede olvidarse de comer, gastar sin control o descuidar su salud. Con el social en último lugar, puede ignorar las normas implícitas de un grupo y sorprenderse de las consecuencias. Con el sexual en último lugar, puede tener una vida ordenada y llena de amigos, pero sentir que le falta chispa o temer la intimidad.

Para identificar tus instintos, prueba estas preguntas:

  • Si tuvieras una tarde libre e inesperada, ¿la dedicarías a ordenar y cuidarte, a ver a tu gente o a sumergirte en algo o alguien que te apasione?
  • ¿Qué te angustia más: quedarte sin recursos, quedar mal ante el grupo o perder una conexión importante?
  • ¿Qué parte de tu vida dejas siempre para después?

Las parejas en las que ambos tienen el mismo instinto dominante suelen entenderse con facilidad en lo cotidiano, mientras que las de instintos distintos se complementan pero pueden chocar en prioridades: uno quiere quedarse en casa y el otro salir con amigos o vivir una aventura.

Instintos y eneatipos: los 27 subtipos

Al cruzar los nueve eneatipos con los tres instintos dominantes obtenemos 27 subtipos, cada uno con un nombre y un perfil propios. El instinto no cambia la motivación del tipo, pero sí cómo se manifiesta su pasión.

Un ejemplo con el eneatipo 4: el de conservación sufre en silencio y aguanta sin quejarse; el social se compara y siente vergüenza de su carencia; el sexual compite y expresa su envidia de forma abierta. Los tres comparten la envidia como pasión, pero parecen casi tipos distintos.

En cada eneatipo hay además un contratipo: el subtipo en el que el instinto va en contra de la pasión y la disimula. Es el caso del 6 sexual, que en lugar de mostrar miedo se lanza a desafiar el peligro, o del 9 social, que se esfuerza muchísimo por el grupo y no parece perezoso en absoluto. Los contratipos son los que más cuesta identificar en un test.

Si quieres ver los tres subtipos de cada tipo, tienes el repaso completo en los instintos de cada eneatipo. Y si todavía no sabes cuál es tu tipo de ego, empieza por los 9 tipos de ego.

Atender al punto ciego sin cambiar de instinto

El dominante no se cambia. Lo que sí puedes hacer es dar algo de atención al punto ciego para que tu vida no se quede coja.

Si descuidas la conservación, fija horarios para comer y dormir, revisa tus cuentas una vez a la semana y trata tu cuerpo como algo que también merece cuidado. Si lo que dejas de lado es lo social, mantén el contacto con un par de grupos, pregunta cómo funcionan las cosas en un entorno nuevo antes de actuar y piensa en qué aportas a tu comunidad. Y si tu punto ciego es el sexual, busca una actividad que te apasione, dedica tiempo de calidad a tu pareja o a un amigo íntimo y permítete conversaciones que vayan más allá de lo práctico.

Observar los instintos tiene además un efecto liberador: muchas de las cosas que creíamos que eran «nuestra forma de ser» resultan ser un impulso biológico exagerado por la pasión del ego. Verlo así lo vuelve más manejable.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los tres instintos del eneagrama?

El de conservación, centrado en la seguridad, los recursos y el bienestar físico; el social, centrado en el lugar que ocupas en los grupos, y el sexual o uno a uno, centrado en la conexión intensa con otra persona o con una pasión.

¿Cómo sé cuál es mi instinto dominante?

Fíjate en qué te preocupa de forma espontánea y en qué te angustia perder: recursos y comodidad, posición y pertenencia, o intensidad y vínculo. También ayuda mirar el punto ciego: el área de tu vida que descuidas una y otra vez suele ser tu instinto más débil.

¿El instinto social significa ser extravertido?

No. El instinto social habla de la atención al grupo, al estatus y a la pertenencia, no de cuánto te gusta la gente. Hay personas introvertidas con instinto social dominante que viven muy pendientes de su lugar en la comunidad.

¿Qué es un contratipo en el eneagrama?

Es el subtipo de cada eneatipo en el que el instinto dominante va en contra de la pasión y la esconde. De ahí que no se parezca a la descripción clásica del tipo: el 6 sexual parece valiente, el 4 de conservación aguanta sin quejarse y el 9 social trabaja sin descanso.

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