Un formador que llegó al eneagrama desde la economía
Alberto Peña Chavarino, que a menudo firma como Alberto P. Chavarino, es un formador español dedicado al desarrollo personal y al estudio de la personalidad. Se formó en economía y en psicología, y ha contado que su interés por el tema nació de preguntas muy personales: por qué las personas son como son, en quién se puede confiar, cómo relacionarse bien con cada persona y cómo cambiar uno mismo para vivir con más seguridad.
Desde hace años enseña el eneagrama en cursos, en consulta y en vídeos divulgativos, en los que recorre los nueve eneatipos y sus subtipos. Su nombre aparece citado en trabajos académicos y artículos sobre el eneagrama en español, normalmente junto a otros divulgadores del ámbito hispano, como una de las voces que han acercado el sistema a un público amplio.
La idea de partida: no hay pan para todos
El punto de partida de su enfoque es una conclusión a la que llegó estudiando distintas terapias y métodos de cambio: lo que a una persona le viene bien a otra le puede venir fatal. Un consejo como «date más caña» puede ayudar a alguien que se acomoda, y hundir a quien ya se exige demasiado.
De ahí deriva su forma de usar el eneagrama: antes de proponer cambios, hay que conocer el tipo de personalidad de cada uno. Las recomendaciones, los ejercicios y hasta la manera de hablar con una persona deberían adaptarse a cómo funciona por dentro. Es una idea que comparten muchos autores, pero que en su caso ocupa el centro de todo el planteamiento.
Si quieres ver cómo cambia lo que necesita cada tipo, compara por ejemplo la dirección de crecimiento del eneatipo 1, que necesita soltar la exigencia, con la del eneatipo 9, que necesita justo lo contrario: ocupar su sitio y actuar.
El eneagrama como mapa de autoconocimiento
Peña Chavarino describe el eneagrama como un mapa: una forma de entender cómo es cada persona y cómo se relaciona con las demás. La palabra no es casual. Un mapa no es el territorio, pero te dice dónde estás, qué caminos tienes y dónde suelen estar los baches.
Aplicado a la personalidad, ese mapa sirve primero para conocerse: entender qué te mueve, qué temes y qué patrón repites sin darte cuenta. Sirve también para entender a los demás, saber por qué alguien reacciona como reacciona y no tomártelo como algo personal. Y sirve, por último, para orientar el cambio, eligiendo los pasos que te ayudan a ti en lugar de seguir consejos genéricos.
En lo técnico trabaja con los elementos clásicos del sistema: los nueve tipos, los tres centros, las alas, las flechas y los 27 subtipos que resultan de cruzar cada tipo con los tres instintos.
Un método que suma tres miradas
Lo que más distingue su propuesta es que no se queda en el eneagrama. Ha desarrollado un método para evaluar la personalidad que combina tres enfoques:
- El eneagrama, que aporta la motivación de fondo: el deseo, el miedo y la pasión que organizan cada carácter.
- La morfopsicología, una disciplina que relaciona los rasgos y las proporciones del rostro con tendencias del temperamento.
- La psicobiología, que estudia las bases biológicas de la conducta: el sistema nervioso, las hormonas y el temperamento con el que nacemos.
La lógica es que cada mirada cubre un hueco de las otras. El eneagrama explica el porqué de la conducta; la parte biológica y temperamental ayuda a entender con qué materia prima trabaja cada persona. Juntas, según este planteamiento, permiten un retrato más fino y unas recomendaciones más ajustadas.
Un ejemplo: el que desea ser perfecto
En sus explicaciones, cada tipo se presenta a partir de su deseo de base. El eneatipo 1, por ejemplo, sería la persona que desea ser perfecta: alguien con un sentido muy fuerte de lo correcto, que se exige mucho, corrige a los demás y vive con una tensión interna difícil de apagar.
A partir de ahí, el análisis baja al detalle. No es lo mismo un 1 cuyo instinto dominante es la conservación, que se preocupa por hacerlo todo bien en lo cotidiano, que un 1 social, que se siente responsable de dar ejemplo, o un 1 sexual, que quiere cambiar a los demás con fervor. Lo tienes desarrollado en los subtipos 1 conservación, 1 social y 1 sexual.
La consecuencia práctica es la de siempre en su enfoque: el camino de crecimiento de cada uno de esos tres perfiles no es idéntico, y conviene ajustar el trabajo personal a cada caso.
Las dudas que despierta la morfopsicología
Leer una personalidad en la forma de una cara es la parte que más reparos levanta. La morfopsicología es un enfoque discutido: la relación entre los rasgos del rostro y el carácter no cuenta con un respaldo científico sólido, y muchos psicólogos la consideran poco fiable. Funciona mejor como apoyo para la conversación que como prueba.
El eneagrama tampoco es un test clínico. Es una herramienta de autoconocimiento con mucho valor práctico, pero no sustituye a una evaluación psicológica. Y combinar sistemas exige rigor: cuanto más se mezclan enfoques, más importante es distinguir qué parte del diagnóstico viene de cada uno y con qué seguridad.
Nada de esto quita interés a su idea central, que es muy sensata: para ayudar a alguien, primero hay que entender cómo es.
Cómo encaja entre otros autores
Dentro del eneagrama en español, su enfoque se sitúa a medio camino entre la divulgación y la consulta. Comparte con Borja Vilaseca la intención de hacer el sistema útil en la vida diaria, y con la tradición de Claudio Naranjo el interés por los subtipos y por el detalle de cada carácter.
Su sello propio es la combinación con otras herramientas de evaluación y la insistencia en adaptar el cambio a cada persona. Si te interesa comparar estilos, en los distintos tipos de eneagrama tienes un repaso de las principales escuelas.
A quién le sirve adaptar el consejo al tipo
Su manera de presentar el eneagrama encaja especialmente con:
- Quien busca aplicaciones concretas y no se conforma con conocer su número.
- Personas que ya han probado consejos genéricos sin resultado y quieren entender por qué no les funcionaban.
- Profesionales que trabajan con personas, como terapeutas, coaches, docentes o responsables de equipos, que necesitan adaptar su forma de comunicar.
Puede encajar menos con quien prefiere un eneagrama estrictamente psicológico, sin herramientas complementarias, o con quien desconfía de la morfopsicología.
Cinco pasos para filtrar consejos según tu eneatipo
Tengas o no interés en su método completo, la idea de partida se puede poner en práctica hoy:
- Averigua tu tipo. Haz el test de eneagrama y lee con calma la ficha de tu eneatipo.
- Identifica tu instinto dominante. Te ayudará a entender por qué no te reconoces del todo en las descripciones generales.
- Filtra los consejos que recibes. Pregúntate si un consejo encaja con tu tipo o con el de quien te lo da.
- Elige un solo cambio. El que más te cuesta y más falta te hace según tu tipo, no el que está de moda.
- Observa durante semanas. El mapa solo sirve si lo contrastas con tu vida real.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Alberto Peña Chavarino?
Es un formador español con estudios de economía y psicología que enseña el eneagrama como mapa de autoconocimiento. Imparte cursos y consultas, ha publicado vídeos divulgativos sobre los tipos y subtipos, y combina el eneagrama con la morfopsicología y la psicobiología.
¿Qué tiene de particular su enfoque del eneagrama?
Que lo usa junto a otras herramientas para evaluar la personalidad y que insiste en adaptar el cambio a cada persona. Su idea de partida es que el mismo consejo no sirve para todos: primero hay que entender el tipo de cada uno.
¿La morfopsicología es científica?
Es un enfoque discutido. La relación entre los rasgos de la cara y el carácter no tiene un respaldo científico sólido, así que conviene tomarla como apoyo y no como prueba. El eneagrama, por su parte, es una herramienta de autoconocimiento, no un diagnóstico clínico.
¿Por dónde empezar si me interesa este enfoque?
Por conocer tu eneatipo y tu instinto dominante. Con eso puedes empezar a filtrar los consejos que recibes y elegir un cambio concreto que encaje con tu forma de ser.















