Del Cáucaso a Fontainebleau
George Ivánovich Gurdjieff fue un maestro espiritual nacido en la región del Cáucaso, en el antiguo Imperio ruso, en la segunda mitad del siglo XIX. Su fecha exacta de nacimiento no se conoce con seguridad y las fuentes dan años distintos. Murió en París en 1949.
Según su propio relato, dedicó su juventud a viajar por Asia Central, Oriente Próximo y otras regiones en busca de conocimientos antiguos que, a su juicio, se habían perdido en Occidente. Contó esa búsqueda en un libro autobiográfico de tono a medio camino entre la memoria y la parábola, Encuentros con hombres notables. Como ocurre con Ichazo, buena parte de lo que dijo sobre sus fuentes no se puede comprobar.
A partir de la década de 1910 empezó a reunir alumnos en Rusia, y tras la revolución se desplazó con ellos por varios países hasta instalarse en Francia, donde fundó el Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre, cerca de Fontainebleau. Su enseñanza combinaba ideas cosmológicas, psicología práctica, trabajo físico, música y unas danzas sagradas conocidas como movimientos.
El cuarto camino
Gurdjieff llamó a su enseñanza el cuarto camino. Según su planteamiento, tradicionalmente había tres vías de desarrollo espiritual: la del faquir, que trabaja sobre el cuerpo; la del monje, que trabaja sobre las emociones y la fe; y la del yogui, que trabaja sobre la mente. Las tres exigían retirarse del mundo.
El cuarto camino, en cambio, se recorre en medio de la vida corriente y trabaja a la vez con los tres centros: el físico, el emocional y el intelectual. Su idea central es que el ser humano vive dormido, funcionando de forma mecánica, y que puede despertar mediante el recuerdo de sí: un esfuerzo de atención por el que la persona se da cuenta de sí misma mientras actúa.
Este diagnóstico tiene ecos claros en el eneagrama moderno. La idea de que vivimos en piloto automático, de que la personalidad es una máquina de hábitos y de que el trabajo consiste en observarla sin identificarse con ella procede en buena parte de esta tradición. También la división en tres centros, que en el eneagrama de los tipos se convirtió en la tríada de cabeza, corazón y vientre.
El símbolo del eneagrama
El eneagrama que enseñó Gurdjieff es la figura que todos conocemos: un círculo con nueve puntos equidistantes, unidos por dos figuras interiores. Por un lado, un triángulo que une los puntos 3, 6 y 9. Por otro, una figura de seis puntas que recorre los puntos en el orden 1, 4, 2, 8, 5 y 7, y vuelve al 1.
Esa secuencia no es casual. Coincide con los decimales que se obtienen al dividir uno entre siete, que se repiten indefinidamente en ese mismo orden. Los puntos 3, 6 y 9, en cambio, corresponden a las divisiones entre tres. El símbolo une así dos lógicas numéricas distintas en una sola figura.
Gurdjieff presentaba el eneagrama como un símbolo de enorme antigüedad, transmitido de forma secreta por ciertas escuelas, y afirmaba que contenía un conocimiento completo para quien supiera leerlo. No hay documentos anteriores a su enseñanza que muestren la figura tal como él la dibujaba, y los historiadores siguen discutiendo si la recibió de alguna tradición o la elaboró él mismo a partir de distintas fuentes. Lo que sí está claro es que la difusión del símbolo en Occidente parte de él.
La ley del tres
La primera ley que Gurdjieff veía representada en el eneagrama es la ley del tres. Según ella, todo fenómeno surge del encuentro de tres fuerzas: una fuerza activa, una fuerza pasiva o de resistencia y una tercera fuerza que las relaciona y permite que algo nuevo aparezca.
Para Gurdjieff, el ser humano suele percibir solo dos fuerzas, la que empuja y la que se opone, y así vive atrapado en conflictos que no se resuelven. La tercera fuerza, la que reconcilia o neutraliza, permanece invisible hasta que la conciencia se amplía.
En el símbolo, esta ley está representada por el triángulo interior que une los puntos 3, 6 y 9. Es una idea abstracta, pero tiene aplicaciones muy concretas: en cualquier cambio personal hay un impulso, una resistencia y algo que hace posible que el impulso no se quede en nada.
La ley del siete y las octavas
La segunda ley es la ley del siete, también llamada ley de las octavas. Gurdjieff la explicaba con la escala musical: do, re, mi, fa, sol, la, si y de nuevo do. Entre algunas notas hay un intervalo completo, pero entre mi y fa, y entre si y do, el intervalo es menor. Según su enseñanza, esos puntos representan momentos en los que cualquier proceso tiende a desviarse o a perder fuerza.
De ahí deducía que nada avanza en línea recta. Un proyecto, una intención o un esfuerzo de desarrollo se desvían de forma natural si no reciben, en el momento adecuado, un impulso adicional desde fuera, que llamaba choque. Eso explicaría por qué tantas resoluciones se abandonan o acaban convertidas en lo contrario de lo que pretendían.
En el eneagrama, la figura de seis puntas representa esta ley, y los puntos 3 y 6 marcan los lugares donde el proceso necesita ese choque para continuar. Para Gurdjieff, el símbolo completo mostraba cómo un proceso puede sostenerse y renovarse a sí mismo, de ahí que lo describiera como una imagen del movimiento perpetuo.
Ouspensky y Fragmentos de una enseñanza desconocida
Casi todo lo que se sabe sobre cómo explicaba Gurdjieff el eneagrama procede de su alumno Piotr Demiánovich Ouspensky, matemático y escritor ruso que trabajó con él durante varios años en Rusia. Más tarde Ouspensky se separó de su maestro y enseñó el cuarto camino por su cuenta, sobre todo en Londres y después en Estados Unidos.
Su libro Fragmentos de una enseñanza desconocida reconstruye las charlas de Gurdjieff de aquella época, y en él aparece por primera vez explicado por escrito el símbolo del eneagrama, con las leyes del tres y del siete. Se publicó en 1949, cuando Ouspensky ya había fallecido, y sigue siendo la obra de referencia para conocer el cuarto camino.
Otros discípulos, como el británico John G. Bennett, dedicaron después estudios específicos al símbolo y a sus aplicaciones. También los movimientos de Gurdjieff incluían ejercicios en los que los participantes se desplazaban sobre el dibujo del eneagrama siguiendo sus líneas. Si te interesa la historia del símbolo, el libro de Ouspensky figura en nuestra lista de los mejores libros de eneagrama.
Gurdjieff no enseñó los nueve tipos
Es el malentendido más frecuente, y conviene aclararlo. Gurdjieff no enseñó los nueve tipos de personalidad ni asignó un carácter a cada punto del eneagrama. En su enseñanza el símbolo servía para leer procesos; nunca funcionó como tipología.
Sí hablaba de tipos humanos, pero de otra manera. Distinguía, por ejemplo, entre personas en las que predomina el centro motor, el emocional o el intelectual, y hablaba del rasgo principal o defecto central de cada alumno, que debía descubrir con ayuda del maestro. Esa idea de un rasgo central que organiza la personalidad tiene un parentesco evidente con la fijación de Ichazo, pero Gurdjieff no la vinculó con los nueve puntos del símbolo.
Fue Óscar Ichazo quien, a partir de los años sesenta, colocó sobre el eneagrama nueve fijaciones y nueve pasiones, y Claudio Naranjo quien convirtió ese esquema en una psicología de los caracteres. Puedes seguir esa historia en el eneagrama según Óscar Ichazo y en el eneagrama según Claudio Naranjo.
Cuando un libro o un curso afirma que el eneagrama de los tipos es una sabiduría milenaria transmitida por Gurdjieff, está mezclando dos cosas distintas: un símbolo cuyo origen anterior se desconoce y una tipología moderna nacida en el siglo XX.
Qué hereda el eneagrama moderno de Gurdjieff
Las flechas que hoy indican hacia dónde se mueve cada tipo en el estrés y en el crecimiento siguen exactamente el trazado que él enseñó. Aunque no enseñara los tipos, su huella en el eneagrama actual llega mucho más lejos que el dibujo.
La división en instinto, emoción e intelecto se convirtió en las tríadas del eneagrama. De él viene también la idea de que la personalidad es un mecanismo: funcionamos en automático y el primer paso es vernos funcionar. El método principal de casi todas las escuelas, desde la narrativa hasta la de Naranjo, consiste en observarse sin juzgarse, una práctica central del cuarto camino. Y el trabajo en grupo, tan habitual en las formaciones de eneagrama, prolonga su insistencia en que nadie despierta solo.
Conocer este origen ayuda a entender que el eneagrama, más allá de un mapa de tipos, nació dentro de una tradición de trabajo interior. Tienes una visión general del sistema en el eneagrama.
Recuerdo de sí y tercera fuerza en tu día a día
Su cosmología puede quedarse en la estantería; varias de sus prácticas, en cambio, encajan muy bien en el trabajo con tu eneatipo:
- Practica el recuerdo de sí. Varias veces al día, detente un instante y date cuenta de dónde estás, qué haces y qué sientes. Es la base para ver tu patrón en acción.
- Busca la tercera fuerza. Cuando te veas atrapado entre lo que quieres y lo que te frena, pregúntate qué podría desbloquear la situación.
- Prevé los intervalos. Si empiezas un cambio, asume que habrá un momento en el que se tuerza y prepara de antemano qué harás entonces.
- Explora el símbolo. Recorre las líneas en el eneagrama interactivo y fíjate en cómo se conectan los tipos.
- Conoce tu tipo. Haz el test de eneagrama y usa la autoobservación para comprobar si el resultado encaja contigo.
Así, la herencia de Gurdjieff deja de ser una curiosidad histórica y se convierte en una práctica diaria de atención.
Preguntas frecuentes
¿Gurdjieff creó el eneagrama de la personalidad?
No. Gurdjieff difundió el símbolo como diagrama de procesos y de leyes universales, pero no asoció tipos de personalidad a sus puntos. Los nueve eneatipos los formuló Óscar Ichazo y los desarrolló Claudio Naranjo.
¿Qué representa el eneagrama para Gurdjieff?
Representa la unión de dos leyes que, según él, gobiernan todo proceso: la ley del tres, simbolizada por el triángulo, y la ley del siete u octavas, simbolizada por la figura de seis puntas. Lo consideraba una imagen del movimiento perpetuo.
¿Dónde aparece por primera vez explicado el eneagrama?
En Fragmentos de una enseñanza desconocida, el libro en el que P. D. Ouspensky reconstruye las enseñanzas de Gurdjieff. Allí se explica el símbolo junto a las leyes del tres y del siete.
¿Qué es el cuarto camino?
Es el nombre que Gurdjieff dio a su enseñanza: una vía de desarrollo que se practica en la vida corriente, sin retirarse del mundo, trabajando a la vez el cuerpo, las emociones y la mente mediante la atención y el recuerdo de sí.















